En búsqueda de un hilo conductor que hilvane el recorrido de este nuevo Curso en EINDA surge la referencia la conferencia de Jacques Alain Miller “El niño y el saber”.[1] Es entonces que retomo la lectura de este texto, que fue la conclusión de la Primera Jornada del Instituto del Niño y presentación del tema para la segunda en el año 2011, desde la perspectiva de trabajo actual buscando en él algún punto de orientación sobre el tema.
Entre otras precisiones, Miller habla del saber en la posición de semblante, del saber que “se esconde bajo la apariencia de un saber- Amo” pero cuya verdad, en realidad, no se ve. Explica la función que realiza el “saber-semblante” en el camino de conferir al niño una identidad, ya que todo saber exige que el niño consienta a una pérdida. En esa operación es necesaria “una pérdida de goce”, especifica Miller. Los objetos voz y mirada, como objetos pulsionales, quedan implicados en la relación entre el niño y el saber. (Menciono este punto ya que es una cuestión sobre la que trabajar y tener en cuenta en estos tiempos de virtualidad).
Este “saber” al que se refiere el psicoanálisis no tiene que ver con el conocimiento, no es el semblante del saber, sino que son los saberes auténticos que tiene cada niño, un saber inconsciente, un saber no sabido. Y ese saber del niño va de la mano del goce que lo envuelve.
Miller invita a restituir el lugar del saber del niño. Los niños saben, nos recuerda, saben sobre el lenguaje, sobre los secretos de familia, sobre el deseo de los padres. El trabajo sobre algunos textos teórico y casos de la clínica durante este Curso nos permitirá dilucidar qué saben los niños sobre la sexuación, una aspiración un tanto pretenciosa quizá, pero no por ello vamos a retroceder ante estas enseñanzas.
El niño no está solo, sino muy por el contrario, inmerso en un mundo de significación en el que el sujeto niño se presenta traumatizado por el Otro, por su deseo, por su saber y su goce. El trabajo en la clínica nos enseña sobre la relación entre el saber y el goce del Otro y el saber y el goce del niño. En el caso por caso de las presentaciones se rastrearán las particularidades del lazo entre un niño y los Otros significativos en los relatos que lo rodean. Sin olvidar que, en la última enseñanza, Lacan reformula el estatuto del Otro haciendo emerger la imposibilidad de la relación en la experiencia de goce, el significante “Haiuno”[2] nombre el Uno solo del goce. El síntoma es lo que permitirá abordar esta relación de exclusión entre el término simbólico y el real.
A la luz de algunas precisiones que va dando Miller en el mencionado texto sobre el trabajo del psicoanalista con el niño, se subraya la orientación lo más cercana al síntoma, allí donde el saber y el goce se entrelazan en un circuito de repeticiones, “un ciclo de saber-goce que se desencadena a partir de un acontecimiento de cuerpo, es decir, de la percusión de un cuerpo por un significante”. Y señala Miller la legítima posibilidad en la clínica con niños de intervenir antes de que este ciclo se haya estabilizado, para que “el sujeto pueda encontrar un orden y una seguridad hechos a medida”.
Las hebras de este hilo están hechas de la singularidad en la operación de la sexuación, de cómo el saber y el goce Uno se entrelazan en los síntomas y articulan al saber y el goce del Otro que viene a intervenir en esta costura.
Lacan se refiere a las posiciones sexuadas como una elección de goce, con la “sexuación” se refiere a la imposibilidad de inscribir la relación sexual en el psiquismo de los seres hablantes. Dando un paso más allá de la elección significante que atravesaba la primera enseñanza. La posición sexual del lado hombre o mujer se elige a nivel del goce. En el Seminario Aún avanza sobre este tema y propone una serie de fórmulas de la sexuación tratando de formalizar la separación entre hombres y mujeres. Hay un ser sexuado conformado por los caracteres sexuales secundarios, pero el ser del goce es asexuado:
Ciertamente, lo que aparece en los cuerpos bajo esas formas enigmáticas que son los caracteres sexuados, que no son sino secundarios, conforma al ser sexuado. Sin duda. Pero el ser es el goce del cuerpo como tal, es decir como asexuado, ya que lo que se llama el goce sexual está marcado, dominado, por la imposibilidad de establecer como tal, en ninguna parte en lo enunciable, ese único Uno que nos interesa, el Uno de la relación proporción sexual.”[3]
A propósito de ello, en una clase del Seminario de Textos en València del 23 de marzo de 2019, Patrick Monribot lo explica con elocuencia:
En el psiquismo, hay varias modalidades de goce, pero nada permite cifrar, inscribir el goce que podría articular los dos sexos. Un tal goce –que sería aquel de la relación entre los sexos– es extranjero a la subjetividad: no existe ahí. Desde 1894, Freud señaló que lo sexual producía una “laguna” en el aparato psíquico, es decir un agujero… Dicho de otra manera, la relación sexual resulta un puro real -en el sentido lacaniano del término-, lo que hace que permanece inconciliable con el sujeto, con los significantes que producen el sujeto del inconsciente. (…) para abordar “eso que no hay” -la relación sexual-, tiene que partir primero de “eso que hay”. Ya que, en términos de goce, hay algo. Lacan lo recuerda en muchas ocasiones bajo la forma siguiente: “Hayuno”; dice, en una sola palabra casi neológica -(“Y a d’l’un”, en francés).
La organización en torno al significante fálico que remite a la enseñanza freudiana la replantea en términos de función y cada sexo se inscribe de modo distinto con respecto a la función fálica. El tema se hace más complejo cuando hablamos de sexuación porque no es posible definirla sin mencionar al goce Uno.
“El goce es la sustancia de lo vivo y del idioma del cuerpo”, explica Monribot contribuyendo a captar este concepto lacaniano que orienta hacia lo real y la manera particular en la que el goce toma el cuerpo. No hay un goce binario, lo que hay es el Uno, el Unarismo lacaniano.[4]
En la sexuación del niño se trata de cómo vérselas con el Uno del goce; esta dimensión resume las diversas formas sintomáticas que Fabián Fajnwaks[5] desarrolló en la reciente Conferencia sobre cómo se confrontan los niños y los adolescentes a la sexualidad hoy: el Uno pulsional, el Uno del goce autista y el Uno del síntoma.
La respuesta a la sexualidad es siempre sintomática, y la clínica nos enfrenta a nuevas invenciones. ¿Qué nos enseña sobre la sexuación en torno al tratamiento del goce en estos tiempos de caída de los semblantes y de las creencias? ¿Qué soluciones subjetivas construyen los niños y los adolescentes en la actualidad? Habremos de investigar y poder discernir entre las identificaciones imaginarias y el proceso de las identificaciones simbólicas, como cada uno se las arregla para acomodar frente al espejo las flores en su florero e intentar referir los posibles anudamientos entre el goce y en sentido como efectos de “nominación”.[6]En la construcción del Programa para este Curso surgió la referencia al saber que, como dice Lacan, “estructura en una cohabitación específica al ser que habla”;[7] al saber sobre el goce que comporta el síntoma, al saber del niño sobre esas marcas que percuten en el cuerpo y quedan fijadas en un ciclo intransferible que remite a la posición en la que el sujeto, más allá de lo anatómico, se inscribe en un modo de gozar.
- Miller, J.- A, El niño y el saber. Primera Jornada de estudio del Instituto del Niño. Texto original J.-A. Miller, “Peurs d’enfants“, Paris, Navarin Éditeur, 2011, pp. 13-20.
- Lacan, J., El seminario, libro 19: … o peor, 1971-1972, Buenos Aires, Paidós, 2014.
- Lacan J., El seminario, libro 19… op. cit., p. 14.
- Laurent, E., “El Unarismo lacaniano y lo múltiple de las conductas sexuales”, 2020. En www.psicoanalisislacaniano.com. Texto original en Lacan Quotidien #865.
- Fajnwaks, F., “El goce Uno en la infancia: de Freud a Lacan»(Conferencia 19 de junio 2020). Recuperado en: https://www.youtube.com/watch?v=0zmdyxKgPS0&feature=share&fbclid=IwAR23AlCXFUA4rgnHbN5r03ONz3rdZE8UgrRnSy8EeepJi-4ud-QwNMGkK6g
- Miller, J.-A., Piezas Sueltas, Buenos Aires, Paidós, 2004.
- Lacan, J. El Seminario, libro 20. Aun (1972-1973), Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 174.