En la presentación de las XV Jornadas de la ELP “Mujeres. Un interrogante para el psicoanálisis”, el enigma de lo femenino se posiciona como emblemático con respecto a la diversidad. Sabemos que con las transformaciones sociales los lugares de hombres y mujeres se han modificado dando lugar a nuevos semblantes, entre ellos, las mujeres que están solas.
Sola es un significante que frecuentemente se puede escuchar en la actualidad, se repite con los pacientes en el trabajo clínico, pero no solo en este ámbito. Es una máscara que prolifera culturalmente. “Yo soy…sola” es una frase que resulta un modo de presentación. Como si fuese un tipo de estado civil, algunas mujeres se presentan como “solas” ya no tanto como solteras, divorciadas o viudas, también hallamos “sola con hijos” o “con pareja, pero sola”. Su repetición merece interrogarse de qué soledad están hablando, porqué parecen haber perdido el amor y cuál es la verdad de este significante que cae como plomo sobre las mujeres actuales.
“Soledades femeninas”[1], en plural, tituló Esthela Solano su conferencia en Bilbao. Me interesa su texto porque hace un recorrido por diferentes modos de soledades. Comienza con una amplia lectura de La Casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca, 1936) marcando la muerte del padre como un acontecimiento fundamental.
Con una apropiada cadencia, describe cada una de estas formas femeninas de estar sola:
-Bernarda está sola, es la soledad del amo. La soledad de la que no puede saber nada, ella que tiene horror de los afectos y horror de los efectos de verdad. El silencio es su significante mayor.
– La Poncia está sola, en la posición de esclava. Es una mujer de deseo que no tiene nada que perder, porque no tiene nada que defender. El esclavo es el que sabe, sabe en qué posición se encuentran cada una de sus interlocutoras. Es la única que está advertida.
– Angustias está sola. Es la única que posee una herencia. Encarna la soledad del tener. No quiere saber que el hombre la quiere no por lo que es, sino por lo que tiene.
– Martirio está sola, encarna la soledad de la envidia, los celos y la maldad. Goza sola en esa posición suponiendo que las otras tienen el objeto que a ella le falta.
– Adela está sola, es la soledad de la que desea y apuesta por su deseo orientado hacia el falo. En su apuesta pierde todo, la vida. Es la única que tiene el coraje de decir no al despotismo materno y a la tiranía de los ideales.
– La abuela, María Josefa, está sola. En su locura y su delirio, encarna el reverso del discurso del amo, es la única que dice la verdad.
Se refiere al encierro de cada una metaforizado por los muros infranqueables de la casa. Es el encierro en su propio modo de gozar que las separa a las unas de las otras. Pero particulariza aquella época en que aún están organizadas a partir de ciertos ideales religiosos y de los Nombres del Padre que orientan y determinan los modos de gozar. Los NP contienen esos goces dentro del sentido.
Solas[2] se llama también la galardonada película de Benito Zambrano. Dando un salto en el tiempo hago una breve referencia a esta otra historia de madres e hijas que narra la cuestión de lo femenino, el amor y la maternidad desde este drama contemporáneo. Acerca de las protagonistas del film, dos sufridas mujeres, el director andaluz dice: “Tienen mucho que ver con mi madre y mis hermanas y sus amigas, esas amigas que querían ir a la Universidad, pero nunca fueron, y que no supieron vivir con lo que tenían.”[3] Más bien con lo que les faltaba, se podría agregar.
Mujeres que se presentan como semblantes no dialécticos que funcionan como defensa del real que emerge. Mujeres que sufren síntomas, fenómenos de cuerpo, se enferman, se embarazan y que nos abren a la interrogación sobre las soledades sin ningún tipo de intersección. Cada una sola con su deseo insatisfecho. Como un modo singular de goce, el goce de la privación que se diferencia radicalmente del goce femenino. La máscara de la mujer sola es un recurso sustentado en la significación fálica que aleja a las mujeres de la feminidad. Un modo de goce que prospera sin alteridad, sin relación con el Otro y que las deja en soledad con los desencuentros y dificultades con respecto al amor.
Yo soy sola[4] se llama una película más sobre soledades y mujeres. Su directora, Tatiana Mereñuk, cuenta las historias de cuatro chicas; cayendo en lugares comunes intenta reflejar distintas realidades posmodernas: una en la búsqueda errática de aquellos significantes que remitían al ser mujer y sus contradicciones respecto a la pareja y el desarrollo profesional; otra que en la búsqueda del partenaire idealizado se desliza hacia el misticismo; una tercera que interpreta la soledad de quien elige ser madre en los tiempos de la demanda, haciendo uso de la técnica; y por último, muestra la angustia de una joven frente a la caída de la institución del casamiento. El S. XXI nos presenta constantemente esta desubicación frente a los Ideales. Si los muros de la casa de Bernarda Alba se podían leer como una forma de poner límite a lo ilimitado del goce, su caída nos enfrenta a la singularización de los modos de gozar como modos solitarios.
La “mujer sola” aparece acaso como una posibilidad de respuesta defensiva a la decepción por la caída del Nombre del Padre. Desde esta posición, no hay una puesta en juego de ningún saber hacer con el partenaire sexual. Las distinciones entre el goce fálico y el goce femenino, la función paterna y las identificaciones son conceptos fundamentales para situar estas cuestiones en la enseñanza de Lacan. Introduzco brevemente los tres modos de identificación que plantea Freud sobre la histeria, y reformula Lacan en el Seminario 23,[5] especialmente a la identificación participativa: “La identificación participativa implica un partenaire, es dos (…) Ese dos no es solamente el lazo entre la histérica y su interpretante, sino que también designa el hecho de que la histérica extrae un síntoma del otro del cual está enamorada”;[6] me sirvo del texto de Eric Laurent sobre el síntoma y el cuerpo que me permite entender la cuestión del lazo y el amor al padre (o la identificación a un rasgo del padre que implica el amor) y la participación del goce. Pero no siempre “es siempre dos”, en la reformulación de la histeria. Lacan habla de una histeria sin su partenaire que denomina “una especie de histeria rígida” en tanto es un sujeto en el que no hay necesidad del redondel suplementario del Nombre del Padre. “(…) hay una captación del goce y del sentido sin necesidad de pasar por el Nombre del Padre, por el amor al padre, por la identificación con el padre”[7]. Un anudamiento que no pasa por el lazo. ¿Podríamos situarnos aquí cuando hablamos de los tiempos de los goces solitarios, donde el Otro que sostiene las identificación se diluye, develando un goce sin alteridad?
En contraposición a las mujeres de Lorca, se vive actualmente un engaño de cierto dominio del goce a través de la experimentación de la libertad de gozar o de gozar de sí mismas. Sobre ello, en un tono más gracioso y con una narrativa mucho menos pretenciosa, pero no por eso menos irónico sobre los tiempos que corren, recojo un espacio escrito por una periodista. Es un blog[8] que denuncia la precarización laboral, la falta de oportunidades y en la misma serie la escasez de hombres interesantes. Por lo cual, entre otras cosas, habla de la soltería del siglo presente donde las “neosolteras” se oponen a las “solteras de larga duración”: el primer conjunto incluye mujeres que salen con hombres por necesidad, por gozar, sin compromisos afectivos y el segundo aquellas que lo harían por el deseo de sostener una pareja. En la nota, la capacidad de atracción de las neosolteras es envidiada por las solteras de larga duración. Una pequeña muestra de los modos de vivir en los tiempos del Otro que no existe. Precisamente lo que se ubica de cara a las Jornadas:
La mujer actual puede jugar la partida de su vida en la lógica masculina, tanto en el plano erótico, como en el profesional. Sin embargo, esta estrategia tiene sus inconvenientes: cuanto más funcionan como “ellos”, más se pierden a sí mismas. La experiencia clínica nos enseña que la separación entre amor y sexo conduce a muchas mujeres al sufrimiento, pues el amor, en sus distintas formas, sigue siéndole a la mayoría de ellas imprescindible.[9]”
Con la caída de los semblantes del NP, las distinciones rígidas entre los hombres y las mujeres se sustituyen por la singularización y la soledad del goce del Uno, y toman su forma en las dificultades en el lazo por fuera de la dimensión del amor. “Hay mujeres que prefieren la falsa soledad de la soltería histérica.” afirma Mónica Torres en su texto “Soledades”[10]. “La soledad falsa y la soledad verdadera”, así lo distingue cuando explica que se trata de una nueva falsa soledad, y toma el fin de análisis como la soledad verdadera o auténtica. Emparenta la posición femenina con la soledad del acto analítico y el fin de análisis, y lo distingue de la soledad del goce femenino. En este sentido, es el reverso de la identificación histérica con el síntoma del otro que desarrollaba anteriormente ya que el fin de análisis implica la imposibilidad de identificarse con el inconsciente, que sigue siendo el Otro que no existe. No se puede dejar de subrayar la distinción entre la soledad como un síntoma de aquella soledad propia del sujeto por la imposibilidad de la relación sexual que siempre dejará sola a la mujer en tanto la sitúa en lo insaciable de su demanda de amor“Solas, no solitarias”[11] concluye Vicente Palomera en sus comentarios sobre el libro Mujeres, una por una compilado por Shula Eldar. Aquí el significante “sola” toma un giro clave hacia la mujer una por una, señalando los agujeros que enmarcan la soledad de cada una confrontada al misterio de la feminidad. Se trata entonces de construir una soledad sólida que permita estar con otros y circular por los lazos, en contraposición a una soledad frágil que deje a la mujer sola.
- Solano, E., Conferencia «Soledades femeninas». 07 de Junio de 2013. Seminario del Campo Freudiano, Donostia San Sebastián. https://www.youtube.com/watch?v=B74nuDlpUBo
- Benito Zambrano, Solas, Maestranza Films. España, 1999.
- Olid Gonzalez, E., “Solas el conocimiento de la realidad a través del cuidado”, España en su cine, Álvaro Rodriguez Díaz (ed.), Madrid, 2015.
- Mereñuk, T., Yo soy sola, ABS Production, Argentina, 2008.
- Lacan, J., El Seminario. Libro 23 El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006.
- Laurent, E., “Hablar con el propio síntoma, hablar con el propio cuerpo”, Enapol VI, 2013.
- Ídem V.
- Pi, I., “Solteras de larga duración versus neosolteras”, 2016. http://www.mujersinblancasolterabusca.com/solteras-de-larga-duracion-versus-neosolteras/
- Jornadas Elp. Mujeres. http://mujeres.jornadaselp.com.
- Torres, M., “Soledades”, en Enlances online, nº 22. Octubre, 2016.
- Palomera, V., “Una por una, solas, no solitarias”, ELP Blog. 21 de marzo de 2010. http://blog.elp.org.es/all/cat19/una_por_una_solas_no_solitarias_vicente/