El saber de la universidad, el saber de la Escuela

Carolina Martini. Psicoanalista.

Las experiencias de estos últimos tiempos me han permitido volver a pensar sobre las formas en que en la Escuela circula el saber y particularmente en el cartel, ese dispositivo tan diferente que permite aprender con otros y, a la vez, en soledad, y cómo esa soledad establece vínculos con el saber que ofrece la Escuela. Un saber que existe y que a la vez está por descubrir. 

Para situar lo que expongo comento brevemente que, por diversas cuestiones, hace un tiempo he empezado a hacer una formación dentro del ámbito universitario; entonces vuelvo a sumergirme en una forma de acceder al conocimiento que ya no tenía tan presente. Por momentos me convierto en un “astudado”,[1] neologismo que usa Lacan en el Seminario 17 para hablar de los estudiantes y de una producción de saber como trabajadores explotados. Allí donde reina el discurso del amo, intento introducir por algún hueco algo de mi subjetividad. Pero no demasiado. Muy probablemente, el producto cultural que se pueda producir al final del recorrido en este contexto pasará a rellenar un estante más o, lo que es peor, quedará en algún rincón oscuro del desguace cibernético.

Muy diferente a ello es la circulación de los productos para la construcción de un discurso. En ese lugar encuentro el cartel, un dispositivo que introduce un saber incompleto en el lugar de la verdad y me permite trabajar del lado de la alegría, de la vivificación y del gay saber. Aunque no sin la angustia que implica la puesta en juego de un punto que se resiste a la elaboración de un saber singular. Todas estas cuestiones y matices, a su vez, me ponen a trabajar en mi propio análisis en busca de la “verdad mentirosa” situando los intentos de anudar la soledad al deseo de saber, como mencionaba al principio. 

Ahí es, por ejemplo, donde se palpa la distancia entre la producción en un Cartel y una investigación destinada a una tesis o un TFM. 

Retomo una cita de un texto introductorio a este espacio del Seminario 6. En el capítulo XX, “El fantasma fundamental”, Lacan desarrolla la perspectiva en la que se constituye la noción de objeto. Me interesó porque allí distingue entre el objeto que satisface el deseo de conocimiento y el objeto de todo deseo. Continúa Lacan con la articulación entre el deseo y su objeto. Lo subrayo porque dice claramente que el desarrollo del conocimiento resulta de una elección. Por el contrario, cualquier idea de una investigación cuyo fruto sea la objetividad nos llevaría a diversas formas de exclusión del deseo. La cuestión está en “causar” el movimiento mismo de la búsqueda analítica sin jamás arribar a nada que sea acabado, consumado,” [2] porque cualquier esfuerzo de teorización hace que el deseo pierda su acento original. Esto es muy consecuente con la lógica de una Escuela que no está completamente sometida al todo, sino abierta a lo heterogéneo y lo imprevisto.

A partir las primeras experiencias formando parte de un Cartel, me pregunto en relación con el tema de hoy: ¿Cómo fijar los términos del producto del cartel? ¿Tiene que ser la comprobación de una hipótesis, un nuevo trozo de teoría, una pieza que pase a ocupar un lugar que faltaba en el rompecabezas interminable del saber del psicoanálisis? Por lo pronto, no se trata de un saber que hay que ir completando, sino de un saber que no existe y que hay que inventarlo. Este saber mantiene un lazo estrecho con la causa y forma parte de la formación del analista.

Además, sabemos con Lacan, que no se trata del empuje al saber, sino por el contrario “del horror al saber”, y de la importancia de que el analista esté advertido del real que se resiste a ello. “En el psicoanálisis no hay saber en lo real”, este enunciado es de un texto de Miquel Bassols.[3] Allí el autor puntúa el saber científico y el saber del inconsciente para recordar que Lacan no los sitúa en una disyunción absoluta. El científico, como el “astudado”, hace semblante de hacerse sujeto del saber. “¿Qué querría decir en realidad hacerse sujeto de ese saber? Querría decir, en primer lugar, identificarse a su significado, al Otro que determina el sentido del saber, al Otro del Otro, incluso que diría ese sentido, si existiese. Lo que es pura y simplemente delirante.” 

En el cartel se conversa con otros para producir uno por uno, no es una elaboración colectiva. ¿La elaboración del cartel se refiere al producto escrito? ¿Es ese el fin o se podría considerar a la “elaboración sostenida” un “producto” en sí mismo? Me refiero a si ese acto de elaborar es ya una producción o si hay que escribirlo para que sea “producto”. Hay una intervención necesaria de lo que se dice para así dar lugar a lo que se escribe. Pero no va de suyo que se escriba. En todo caso, si hay una escritura no es la que cierra un tema, sino que es la escritura que abre. Cada cartel viene, algunos más otros menos, a cincelar la grieta que el psicoanálisis va calando en las verdades de la época. 

El comienzo de esta serie de actividades sobre el cartel coincidió con el comienzo de mi participación en un cartel como más uno. Ruth Pinkasz presentó en Alicante un texto sobre “El efecto del más uno en el cartel”; pensé que allí podría encontrar la clave para saber lo que tenía que hacer. Como ya es costumbre, aquí no hay manuales, pero sí hay una orientación: la orientación por la causa analítica. 

Por entonces me surgieron mil preguntas. Me queda claro que cuando se establece un cartel se busca un más uno. El cartel se inscribe y queda como uno más en el extenso catálogo. Durante un tiempo establecido, a fin de evitar la eternización −se lee, se conversa, danzan los textos, la literatura, la clínica, los vaivenes de los entusiasmos y las resistencias−. Mientras tanto cada cartel se inscribe en ese hacer algo que demanda el psicoanálisis. Pero, ¿hay que hacer algo? ¿Hay que estampar las letras al final del recorrido? “¿Hay que…?” Mejor pasar del modo indicativo y no caer en los imperativos superyoicos porque luego llegan las inhibiciones. El producto del cartel no es un fin en sí mismo. De hecho “ningún progreso es esperable”, concluye Lacan en el cuarto punto de la “Carta de Disolución” (1980) cuando formaliza la experiencia del cartel. Asimismo, en la primera frase dice: «Cuatro se eligen, para proseguir un trabajo que debe tener su producto.”[4] Hago hincapié en el debe. El más uno tiene a su cargo provocar esa elaboración. 

¿Es lo mismo esto último que decir que está dentro de las funciones del más uno favorecer el producto? Diría que sí, favorecer la elaboración y la exposición de los productos del cartel haciendo lazo con la Escuela. La función del mas uno atraviesa el cartel, desde la modestia, por extensión atravesaría la producción en tanto es una elaboración realizada en ese cartel, pero el producto, si tomamos “producto” como escrito, eso es de cada integrante. La cuestión es cómo mantener viva la pregunta y cómo movilizar la puesta al trabajo con otros desde su función.

Más de 60 carteles conté en el Catalogo de la ELP, 219 había antes al último Congreso en la EOL, por ejemplo. Estas son cifras que en su interior portan el trabajo del Campo Freudiano, el estudio y la lectura en la formación del psicoanalista. Frente a esta pluralización de carteles, y para continuar con la conversación, traslado una pregunta de Miller, en el texto “El Cartel en el mundo” se pregunta: “¿Está banalizado el cartel?” o ¿puede aún poner a la Escuela en un lugar de más uno en el conjunto del Campo freudiano? Es el cartel, como el pase, un dispositivo que puede aún sostener la diferencia de una Escuela aparte y, de esa forma, responder a la pregunta sobre la calificación del psicoanalista”.[5] ¿Se sostiene el cartel hoy en día en el lugar de lo que no hace serie?

 

  1. Lacan, J., Seminario 6, El deseo y su interpretación. Barcelona, Paidós, 1958-1959.
  2.  Idem. p. 396.
  3. Bassols, M. IX Congreso AMP, “Un real para el Siglo XXI”, 2014. Recuperado en http://www.congresamp2014.com
  4. Lacan, J. Seminario XXVII, 1980. Recuperado en: https://www.wapol.org/es
  5. Miller, J.-A., El cartel en el mundo. Jornada de Carteles de la E.C.F. 1994. Recuperado en: https://www.wapol.org/es