Interpretación: Arte y ética

Carolina Martini. Psicoanalista.

La implicancia y la participación activa que demanda el grupo de investigación han generado que en cada encuentro algo del no saber se ponga en juego y que, al colocar un punto al trabajo de un ciclo, haya intentado, con la alegría que genera el aprendizaje, poner en cuestión el concepto y bordearlo con nuevos conocimientos.

En este proceso en marcha, el trabajo de elaboración y recopilación de textos sobre el tema que nos convoca es amplio y me resulta complejo, en este aspecto, recortar algún rasgo. En particular, el texto ¡Interpretar! de Jorge Chamorro[1] me facilita el ordenamiento de los distintos momentos de la obra de Lacan y el sentido que va tomando la interpretación de acuerdo con estos, para transitar el camino que va “del significante a la letra”, y lo que se escribe en un análisis. Punto al que ha arribado el trabajo del grupo en el ciclo de reuniones. 

Es así que siguiendo el citado texto de Chamorro, a un primer tiempo de poner a funcionar el inconsciente a través de las asociaciones libres y la proliferación de los significantes le seguirá una ruptura de la cadena en un segundo tiempo en que la interpretación será disociativa. Se tratará entonces de la insistencia de un significante y de la escritura; de cómo en cada paciente se extravía el sentido para dar lugar a la inscripción de la letra. A dicho primer tiempo, le resulta ineludible uno anterior, que considero que tiene que ver con el momento de “pre-interpretación” que explica Miller en su texto C.S.T.,[2] y que supone la construcción del sujeto supuesto saber a partir del encuentro con lo real que hace tambalear el fantasma del sujeto y lo lleva a la consulta. Del lado del analista, en el terreno de la transferencia, queda la responsabilidad de la inyección del enigma y la puesta en forma del síntoma. No obstante, hay algo más allá que posiciona al analista como “un interpretante.”[3]

Cuando lo real es pensado como excluido del sentido. En el Seminario 23, El Sinthome,[4] Lacan hace referencia al arte, en tanto le mueve a preguntarse en qué sentido puede apuntar al síntoma. Encuentra la orientación para la respuesta en la aptitud de burlar a la Verdad, la Verdad en tanto un saber que no se sabe. Asimismo, el arte de interpretar busca la resonancia, evoca al sujeto, recorta un significante del fondo del lenguaje y se desliza hacia lo singular del Uno. Remite a lo enigmático para, en otro instante, no remitir a nada. Como la obra de arte, apunta a que la significación se agote en sí misma.

El estilo permitirá plasmar con un trazo la singularidad del artista y, al igual que un artesano, la experiencia analítica hace de la interpretación su sustancia. En cada encuentro con un paciente la práctica interpretativa es lo que se deja ver de la ética que sostiene el trabajo del analista. Intentar aprehenderla a modo de técnica es un imposible, en tanto lo que no se dice, justamente, aquello que es el “material” que lee la interpretación; asume el valor de un resto imposible de transmitir. Será entonces, que frente a esa falta de “manual de la buena interpretación” y sosteniendo el imprevisto, se pone en juego el estatuto del saber en la formación del analista. La concepción del inconsciente y el punto de trabajo de su propio análisis determinarán la manera de operar en cada intervención. Es una posición ética, de cara a la falta y al vacío, que permitirá cercar un límite real al cifrado del inconsciente, lo que sostiene cada interpretación. Detrás de la “no-técnica” está la posición ética que Lacan deja indicada al principio mismo del Seminario 7:

Bajo el término ética del psicoanálisis se agrupa lo que permitirá, más que cualquier otro ámbito, poner a prueba las categorías a través de las cuales creo darles, en lo que les enseño, el instrumento más adecuado para destacar qué aporta de nuevo la obra de Freud y la experiencia del psicoanálisis que de ella se desprende.[5]

Sobre esta categoría en la que reposa el inconsciente, se sitúan “Los límites de la interpretación”[6]. Desarrollando un recorrido de las coordenadas del avance de la enseñanza lacaniana con respecto a la concepción del inconsciente freudiano, Estela Solano nos sitúa en los anales de la ética con aquella hipótesis del inconsciente que Lacan interpreta como “la idea de un padre todo amor”[7]. En ese punto la autora ubica la función de la interpretación: “Es quizá la implicación lógica de la hipótesis del inconsciente, fundada en la suposición de un sujeto al saber. Es sobre esta suposición que reposa la función de la interpretación”. Es esta hipótesis la que está presente desde el comienzo.En suma, ya sea tome la forma del silencio, el malentendido o la inspiración poética, la interpretación como acto es una elección que soporta el deseo del analista. A su vez, implica la responsabilidad del sujeto y el anudamiento entre el deseo y el deber que se pone a prueba en las instancias del control y del propio análisis. “Hacerle saber algo” al sujeto que demanda una interpretación conlleva detrás un trabajo de subversión que le permitirá ubicarse con algo que tiene que ver con “la prudencia, ligada a la ocasión del acto.”[8]

  1. Chamorro, J., ¡Interpretar!, Buenos Aires, Grama Ediciones, 2011.
  2. Miller, J.-A. «C.S.T.», Clínica Bajo Transferencia. Ocho estudios de la clínica lacaniana. Buenos Aires, Manantial, 1985.
  3. Lacan, J., El seminario: libro 10. La Angustia, Buenos Aires, Paidós, 2007, p. 25.
  4. Lacan, J., El seminario: libro 23. El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006 (Cap. I. Del uso lógico del sinthome, o Freud con Joyce).
  5. Lacan, J., El seminario: libro 7. La Ética del Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 9.
  6. Solano Suárez, E., “Los límites de la interpretación”, México DF, NEL. Artículos online. https://www.nelmexico.org/
  7. Lacan, J., El Seminario: libro 17. El reverso del Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1992.
  8. Belaga, G., “Interpretar la Escuela”. Testimonio presentado en las Jornadas de la Sección Córdoba de la EOL. 7/8 de junio de 2002. Publicado en La experiencia del psicoanálisis. Testimonios, Colección Orientación Lacaniana, Buenos Aires, EOL, 2003.